Posted By machupicchu on 11 abril, 2010

EL SAQUEO CULTURAL
Encontrado Machu Picchu, la Vitcos de sus sueños, Bingham busca apoyo económico en la Universidad de Yale y la Sociedad Geográfica Nacional, apoyo que le fue concedido. Contrata un grupo de arqueólogos y antropólogos (entre los q ue destaca G. Eaton) para excavar el lugar, y regresa al Perú, a mediados de 1912, para trabajar directamente en Machu Picchu al frente de la misión.
Con los auspicios del Gobierno del Perú de esos años, y dando clara muestra de su desinterés por el pasado incaico, el 31 de octubre de 1912, Bingham obtiene la autorización para ejecutar los trabajos en Machu Picchu. Lo grave es que recibe el permiso para llevar a Estados Unidos los objetos encontrados durante sus trabajos arqueológicos, ya que según el cuarto artículo de esa autorización Bingham podría sacar libremente del país todas las piezas obtenidas durante sus exploraciones, pero con el compromiso de devolverlos a la petición simple de Perú. La autorización en nombre de la “etiqueta internacional” infringió algunas normas legales y causó un daño irreparable a la herencia cultural de Perú.
Las actividades de Bingham transcurrieron durante el primer gobierno del presidente Leguía. Probablemente por la complejidad de los problemas políticos, económicos y sociales que afrontaba, no le permitieron vislumbrar la magnitud del saqueo del que estaba siendo objeto el Perú.
En aquellos días no había carretera, trasporte automotor o avión, y el viaje a Cusco duraba muchos días.
Hiram Bingham y su equipo trabajaron intensivamente en el parque arqueológico de Machu Picchu durante 5 años, excavando prácticamente cada metro cuadrado. En sus ambientes encontraron tumbas antiguas, momias y restos de 173 personas juntoa sus pertenencias, incluyendo ropa, alimentos, alfarería y ornamentos.
Sin embargo, en el libro “The Lost City of the Incas”, Bingham afirma que no encontró nada en la Ciudadela, salvo unos cuantos cacharros, objetos de espinas vegetales y uno que otro objeto de cobre. Después de la minuciosa investigación y todos los trabajos realizados, informó que no se encontró ningún objeto de metal precioso en Machu Picchu. En todo caso, Bingham escribió que cada objeto que encontró en Machu Picchu fue depositado en la Universidad de Yale.
Hoy pueden encontrarse los objetos encontrados en Machu Picchu en el Museo Peabody en Yale. La exhibición consiste en 10 pedazos de alfarería Inca, 10 de metalurgia, 10 de construcciones de piedra, 3 tazas de madera, muy pocos textiles y un qhipu Inca.
Bingham sólo comunicaba sus descubrimientos a través de su representación diplomática, ocultando medianamente la realidad de los sucesos. Realizó dos expediciones, pero como semejantes comitivas no podían pasar desapercibidas en el Perú una legión de ciudadanos extranjeros “asistentes” de la expedición Bingham, que iban y venían del Cusco. Las autoridades de Lima empezaron a tomar nota. Lamentablemente, la reacción del gobierno de turno ante semejantes hechos fue tan lenta que, cuando quisieron tomar cartas en el asunto, ya era demasiado tarde.
Enrique Portugal, periodista arequipeño que vivió en Argentina denunció, en los diarios y revistas bonaerenses, el incalificable saqueo que se perpetró en Machu Picchu, en los repetidos viajes de “exploración” que hizo Bingham al Perú. Según el periodista, Bingham fue “el más peligroso y directo pirata que puso pie en Machu Picchu, con ayuda de unos y la ignorancia de otros, saqueando la Ciudadela, llevándose riquísimos cargamentos de objetos de oro y obras de arte que hoy se hallan en diversos museos de Estados Unidos y en museos privados…..” Es una denuncia no refutada hasta la fecha.
Tan es así, que a fines de 1911 se produjo un levantamiento en el sureño puerto de Mollendo, protestando por la salida del país del material arqueológico, subrepticio envío de cajones rotulados como “sherds”, que no eran sino momias completas, con todo su ajuar funerario y otros materiales. Era el quinto despacho de cajones bajo la fuerte custodia de ciudadanos norteamericanos expresamente comisionados por Bigham para la custodia de su envío al exterior.
En 1912 se repite este levantamiento, pero ahora extendido a las ciudades de Puno y Arequipa. El explorador debe cesar sus actividades y, como consecuencia, el gobierno peruano enfrenta la demanda de Bingham para continuar con su proyecto. Paradójicamente, el Museo de Sitio actual, construido en la margen izquierda del río Urubamba, carece de material arqueológico perteneciente a la zona, sólo fotografías, calcos, uno que otro objeto y cuadros de flora y fauna, componen su patrimonio cultural. Igual pobreza sufre el Museo Arqueológico del Cusco. En oposición, Bigham, de explorador desconocido, después del saqueo de Machu Picchu, elevó su satus socio-económico, recibió doctorados en historia, cátedra en Yale y participó en la gobernación estatal.
En la actualidad, es creciente la opinión de tener a Bingham y sus actividades como uno de los mayores ejemplos de piratería del patrimonio cultural que ha sufrido el país. Cuestionable, por tanto, presentarlo en los textos nacionales como descubridor de Machu Picchu
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Etiquetas: saqueo cultural inca