Machu Picchu es una de las maravillas de las Américas precolombinas que logro sobrevivir los destrozos de las “conquistas”. Se puede considerar un acto de suerte, porque la gran mayoría de las muchas maravillas de aquellos tiempos fueron destruidas por una razón u otra. Se puede considerar un acto de olvido, porque permaneció abandonada por muchos años, en realidad siglos. Lo cierto es que esta ciudad de tiempos remotos no es muy accesible y su localidad tal vez haya sido su salvación.
Aun hoy en día no es fácil llegar hasta allí. Claro existen todas las comodidades del mundo y la travesía es encantadora. Pero a no ser que usted tenga dinero para botar y pueda rentar un helicóptero, el llegar a Machu Picchu le va a tomar de dos a tres días. Que si tiene buena alma de caminante, serán una aventura.
Nuestro viaje comenzó en la ciudad de Cusco. Irónicamente es tanto el deseo de los turistas de llegar a Machu Picchu que no le prestan mucha atención a lo que fue la capital del imperio Inca. En Cusco, y en toda la región entre estas dos localidades, hay un sinfín de ruinas de gran valor cultural. No se apure que ya llegará y trate de disfrutar el viaje que es de gran belleza en su totalidad.
En Cusco nuestros guías nos llevaron al tren que de madrugada emprende el viaje rumbo a Aguas Calientes. El tren sale del valle de Cusco haciendo una serie de zigzag hasta que ya toma su línea abierta. Cruza pueblos y villas, en algunos casos se pueden ver las personas bien de cerca. En otras zonas los valles y las montañas son impresionantes. No sabemos si es igual para todos los turistas pero a nosotros nos dieron un ligero y apetitoso desayuno en el tren, también nos sirvieron sodas.
Al cabo de unas tres horas llegamos al pueblecito de Aguas Calientes. Nos bajamos del tren y atravesamos una sección del pintoresco pueblo. Allí nos montamos en un pequeño ómnibus, de unos 20 pasajeros. Tan pronto todos los asientos estaban ocupados, el ómnibus hecho andar. Por un terraplén que era casi todo curvas subió los 400 metros hasta llegar a la entrada a Machu Picchu.
Algunos turistas regresaron a Cusco esa misma tarde, nosotros hicimos noche.
En un descanso de la montaña, justo antes de entrar a Machu Picchu, han construido un hotel, un restaurante, baños públicos y una cafetería. Fue en ese hotel donde nos hospedamos.El servicio del hotel es muy bueno y la cena fue excelente. Aunque a no ser por el bar del hotel, la noche es totalmente silente y no hay mucho que hacer. Sin embargo, aun no ha amanecido y ya los caminantes se ven subiendo hacia Machu Picchu y bajando, que vienen del camino Inca, hacia Aguas Calientes. Eso tal parece ser algo peligroso, a no ser que usted sea alpinista.En general, es un viaje de al menos un día desde Cusco. Una aventura llena de agradables sorpresas y con facilidades para satisfacer a todo tipo de visitante.
Pero el viaje no termina ahí, porque hay que tomar el tren de vuelta a Cusco. Comienza esta travesía no muy tarde después del mediodía. Aquellos pueblos que aun dormían cuando los pasamos en la ida, ahora están despierto, aprovechando las últimas luces del día. No sabemos si es parte de la atracción turística o sencillamente que todo nos fue tan agradable. Ya al final de la línea abierta, cuando el tren se dispone a comenzar su zigzag de vuelta para bajar al valle de Cusco, se observa toda la ciudad iluminada. La Plaza Mayor de Cusco toda alumbrada, con sus dos majestuosas iglesias resplandeciendo al brillo de las bombillas, es una vista imposible de olvidar.
Hay lugares que vale la pena recorrer al menos una vez en la vida a pie, y uno de ellos es Machupicchu, en Perú; la eterna ciudad perdida de los Incas, ciudad símbolo de esa civilización perdida en algún capítulo de la historia, camino que podemos revivir recorriendo las mismas rutas y senderos que alguna vez recorrieron los peregrinos de antaño.
Mientras se recorre el camino, también denominado “Camino del Inca”, se puede ver todo completamente pavimentado con roca natural, la cual forma hermosas escaleras, túneles y en algunas zonas, se pueden ver puentes de maderas que sirven para atravesar ríos, sintiendo el viento que proviene de los valles y selvas tibios que habitan por los alrededores de ésta magnífica altura andina.
Caminar entre las rocas que cubren las alturas andinas, es una experiencia inolvidable, que les hará pensar acerca de la grandeza lograda por el imperio Inca en su época de gloria. El Camino Inca es parte de una malla de caminos que cubren más de 30 mil kilómetros de caminos, que pasan por ecuador, Perú, Bolivia, Argentina y Chile.
Los caminos que recorrían los Incas en la antigüedad, pasaban principalmente por las costas y las sinuosas sierras, parte de la selva amazónica y lugares inhóspitos y reconocidos hoy, como los mejores caminos para imaginar la vida de los incas, revivir emociones intensas, soñar con un pasado de riquezas y vida, y lo mejor de todo, sentir bajo los pies, la grandiosidad de las montañas, que recorren cientos y miles de kilómetros albergando lo mejor de sí para quienes pasen a visitarlas, cualquier día.
La ciudadela inca de Machu Picchu está ubicada a 130 kilómetros al nor-oeste del Cusco, en la provincia de Urubamba, en la cresta del cerro Machu Picchu.
Los arqueólogos han dividido a Machu Picchu en 3 grandes sectores:
Primero sector de Machu Picchu el barrio Sagrado, incluye el Intiwatana, el Templo del Sol y la Habitación de las Tres Ventanas.
La habitación de las Tres Ventanas, representación simbólica del Tamputocco, o cerro con tres ventanas de donde, según el mito de los hermanos Ayar, salieron los Incas el día de la creación.
El Intiwatana o “lugar donde se amarra al sol”. Esta piedra es la pieza central y la más importante de un complejo sistema de mediciones astronómicas para determinar las fechas de inicio y fin de las campañas agrícolas, también conocida como el reloj solar.
Segundo sector de Machu Picchu el barrio de los Sacerdotes y la Nobleza zona residencial.
Tercero sector el barrio Popular, el que se encuentra ubicado en la parte sur de la ciudad, donde se encuentran las viviendas de la población común.
Todas las edificaciones en Machu Picchu siguen el clásico estilo arquitectónico inca: las construcciones con muros de sillares pulidos de forma regular, junturas perfectas entre los bloques de piedra y un ligero talud o inclinación, haciendo que la base sobresalga ligeramente con respecto a su remate.Vacíos siempre trapezoidales y uso de hornacinas y esculpidos como ornamentos arquitectónicos.
Machu Picchu puede ser conocida, también, como la ciudad de los andenes, las escalinatas y fuentes de agua.
De las primeras escalinatas y andenes, se pueden contar más de un ciento, algunas de las cuales con cien peldaños o más.
En algunos casos la escalinata de ocho o diez peldaños ha sido esculpida íntegramente en un solo bloque de roca de granito.
En toda el área de Machu Picchu abundan los estanques y fuentes de agua llamadas “pacchas”, labradas en piedra e interconectadas por canales y desagües perforados en la roca.
Es una de las joyas arquitectónicas y arqueológicas más importantes de los incas. Machu Picchu fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1983. La ciudad sagrada de Machu Picchu está ubicada 130 kilómetros al noroeste del Cusco, en la cresta del cerro Machu Picchu en el valle de Urubamba, a 2.300 metros de altura sobre el nivel del mar.
La ubicación de la ciudadela era un secreto militar, pues barrancos profundos, al borde de un abismo, y montañas agrestes eran la mejor defensa natural.Es uno de los centros arqueológicos más destacados, el más importante de Sudamérica y, por ende, el atractivo turístico más visitado en el Perú.
Desde 1981 se declaró como Santuario Histórico, con una superficie de 32.592 hectáreas, que incluyen no solamente la parte arqueológica, sino también la flora, fauna y sus paisajes, destacando la abundante presencia de orquídeas. Las teorías más firmes sostienen que fue una “llacta” inca: un asentamiento construido con la finalidad de controlar la economía de las regiones conquistadas.
Era la llacta más bella del imperio incaico, y habría sido construida con la expresa finalidad de refugiar a lo más selecto de la aristocracia en caso de ataque. Parece ser que se usó en determinando momento como “lugar de descanso” del Zapa Inca y como “observatorio”; luego de la conquista del imperio por parte de los españoles, fue fortaleza de la revuelta de Manco Inca.
Según las teorías de los arqueólogos, Machu Picchu estaba dividida en tres grandes sectores: el Barrio Sagrado, el Barrio Popular, al sur, y el Barrio de los Sacerdotes y la Nobleza (zona residencial). En la primera zona, dedicada a Inti, la deidad Sol, su divinidad mayor, se encuentran los tesoros arqueológicos principales: el Intiwatana, el Templo del Sol y la Habitación de las Tres Ventanas.
En la zona de habitaciones existió un sector para la nobleza, grupo de casas situadas en hileras sobre una pendiente; la residencia de los Amautas (sabios) caracterizados por sus muros de color rojizo, y la zona de las Ñustas (princesas) con habitaciones de forma trapezoide.
Dentro de la ciudadela supuestamente existió un sector destinado a la cárcel, en donde se aplicaban castigos a los presos, dentro de nichos de roca. El Mausoleo Monumental es un bloque pétreo, cuyo interior abovedado era utilizado para ritos o sacrificios; sus paredes son labradas.
Después de su triunfo sobre los chancas, Pachacútec decidió consolidar su señorío y emprender luchas contra los curacas que no acudieron en su ayuda. Cuando estaba reuniendo gente de guerra, llegaron las noticias de que Inca Urco, el hijo y co-regente de Viracocha, se hallaba en Yucay con un ejército. Sin demora, Pachacútec e Inca Roca, su hermano, marcharon a Yucay a enfrentarse con Urco. Durante la lucha sobre la barranca del río Urubamba, Inca Roca alcanzó la garganta de Urco con su honda, con tanta fuerza que le hizo caer al río. Urco, con sus armas en la mano, fue arrastrado por la corriente hasta la peña llamada Chupellusca, donde sus adversarios le dieron muerte.
Numerosos fueron los curacas -cercanos en su mayoría al Cusco- incorporados al naciente Estado durante la primera etapa de la expansión inca. Los principales fueron los Ayarmaca, que quedaron definitivamente vencidos, y los Ollantay Tambo.
Después de su victoria, Pachacútec mandó construir el palacio y ciudadela de Písac en un alto promontorio, con lo cual este nuevo soberano no solo conquistaba nuevos dominios sino que se mostraba proclive a las obras de arquitectura. Sin embargo, la conquista que más puede interesar en este relato es la de la zona de Picchu, donde el Inca ordenó edificar un palacio para su regreso, con todas sus dependencias. Al pasar los siglos, ese lugar tomaría el nombre de Machu Picchu.
Gracias al aporte de nuevos manuscritos de archivos hallados por Luis Miguel Glave y María Isabel Remy, además de la posterior investigación de John E. Rowe, sabemos que toda la región de Picchu, junto a la de Ollantay Tambo, fueron las tierras privadas del Inca.
Continuando con sus triunfos militares, Pachacútec, acompañado por Inca Roca, se apoderó de Amaybamba en el valle de La Convención, haciendo construir un palacio para él, Huamán Marca. En el mismo documento que narra estas noticias se dice que el siguiente soberano, Túpac Yupanqui, trajo desde Chachapoyas a numerosos mitimaes para poblar la parte baja del valle con la obligación de sembrar cocales.
Además, el manuscrito menciona la presencia de otro palacio llamado Yanayacu, en las alturas de Amaybamba. “Cuando estuve en el lugar, el antiguo hacendado de la finca me contó que existe en la región referencia de dichas ruinas pero que no han sido encontradas aún“.
Habiendo afianzado su poder y asegurado sus dominios cercanos a la capital, Pachacútec se lanzó a conquistas más lejanas. Así, dominó a los Soras y a los Lucanas, trayendo a sus curacas y jefes de guerra presos para celebrar su victoria. Otros señores, al ver su creciente poderío, prefirieron aceptar los “ruegos” de la reciprocidad y no arriesgar sus vidas en una contienda.
Después de descansar un tiempo, el Inca volvió a reunir sus ejércitos y, esta vez, decidió ir contra el señor del Collao. Así, se enfrentó contra el temido Chuchi Cápac de Hatun Colla, a quien venció después de ardua lucha. Con este triunfo, los cusqueños se hicieron dueños de las extensas tierras de Chuchi Cápac, las cuales comprendían los enclaves selváticos que producían las preciadas hojas de coca y las tierras situadas en la costa donde obtenían maíz, ají y pescado salado. Estos fueron los primeros contactos con los grupos étnicos costeños.
Los chancas eran un grupo étnico establecido en la región de Ayacucho. Se dividían en las dos mitades de Hanan (arriba) y Hurin (abajo) y decían tener su origen o pacarina en las dos lagunas de Choclococha y Urcococha. Formaban un pueblo rudo, habían conquistado Andahuaylillas y su nueva meta era el Cusco.
La situación del Cusco
Durante el gobierno de Viracocha, los chancas partieron de Paucaray -a tres leguas de Parcos- y se dividieron en tres ejércitos. Tan seguros estaban de la fácil conquista del Cusco que dos de los ejércitos se dirigieron al Contisuyo y el tercero tomó la ruta del Cusco. Por su parte, el Inca, viejo y cansado, abandonó el Cusco a su suerte y se refugió junto a su hijo Urco en la fortaleza de Chita. En esas circunstancias, surgió la figura del joven príncipe Cusi Yupanqui, quien decidió defender el Cusco.
Cusi Yupanqui, el futuro Pachacútec, nació en el linaje de Iñaca Panaca. El cronista Betanzos narra épicamente el encuentro de Cusi Yupanqui con los chancas. Cusi contaba con escasos efectivos, con lo cual el triunfo cobra aun mayor realce. En torno al Cusco, el ejército de Cusi cavó grandes hoyos recubiertos de ramas para que los chancas cayeran en ellos. Además, el sacerdote del Sol confeccionó unos bultos de piedra revestidos de ropas para simular un ejército apostado esperando entrar a la lucha. Cusi Yupanqui trató de formar alianzas con sus vecinos, pero ellos prefirieron esperar al desarrollo de los acontecimientos para plegarse al vencedor.
Urco, hijo de Viracocha, había partido junto a su padre abandonando Cusco. Fue nombrado co-regente y, para aquel entonces, había recibido la borla, insignia del poder. Ese mismo día se casó con quien sería su mujer principal, según la costumbre inca. Sin embargo, el joven se mostró poco guerrero y no luchó por el Cusco.
Las sucesiones incas eran tumultuosas al no existir la primogenitura. El poder recaía sobre el “más hábil y eficiente” de los posibles candidatos. De ahí que todas las sucesiones incas dieran lugar a intrigas, luchas intestinas y asesinatos. En este marco, la contienda de Huáscar y Atahualpa no fue un caso insólito sino más bien usual, pero debido a la gran expansión del estado Inca tomó un carácter continental.
Los espías anunciaron la cercanía chanca y los vieron llegar en desorden por la bajada del cerro de Carmenca, emitiendo gritos y alzando sus armas. Llevaban el pelo en pequeñas trenzas y la cara pintada de rojo. En su euforia, no notaron los hoyos y cayeron en ellos. Un curaca llamado Chañian Curi Coca de los ayllus de Choco-Cachona aguardaba la proximidad del enemigo para atacar y peleó tan valientemente que triunfó en su zona. Hasta las piedras puestas por el sacerdote entraron en la contienda. Ellos eran los pururaucas, misteriosos aliados de los incas que sembraron el terror entre las tropas enemigas. Para decidir la batalla, Cusi Yupanqui se dirigió hacia el jefe chanca Uscovilca, lo mató, cogió el ídolo que portaba consigo y lo mostró a los chancas que se desmoralizaron e iniciaron la huida.
Más adelante, los chancas se rehicieron, pero nuevamente triunfó Cusi, ayudado esta vez por sus vecinos. Los incas los persiguieron y se apropiaron del botín que facilitaría en el futuro la expansión cusqueña.
Vencidos los chancas, Cusi Yupanqui juntó el botín y los prisioneros y se dirigió hacia la fortaleza donde estaban Viracocha y Urco. Según costumbre inca, el soberano debía pisar los despojos y a los jefes capturados en acto de toma de posesión de los vencidos y de sus tierras. Viracocha se negó a hacerlo y señaló a Urco como su regente y el indicado para asumir el poder.
Cusi no admitió la propuesta y después de reiterar su pedido decidió regresar al Cusco. Por el camino fue asaltado por soldados de Viracocha, pero conociendo las intenciones del viejo Inca, estaba preparado para el ataque. Así, pudo regresar al Cusco sin mayores percances. No tardó Cusi en ceñir la borla imperial y con ello, según costumbre antigua, cambió su nombre al de Pachacútec Inca Yupanqui, personaje con el que se inicia el auge cusqueño. La expansión inca se puede ubicar en los principios del siglo XV y forma parte de la historia moderna del mundo andino.
Gracias a la elección de los gobernantes, se sucedieron personajes destacados, y si bien Pachacútec fue el iniciador, su hijo Túpac Yupanqui fue el gran conquistador, y Huayna Cápac, el estadista. Los incas más cercanos a la invasión española nos permiten formular una historia menos legendaria según las referencias de la época y la tradición oral, conservada gracias a cantares que se ejecutaban en la gran plaza de Aucaypata, durante las grandes fiestas y en presencia de las momias de los anteriores incas.
Uno de los principales mitos sobre el origen de los incas fue el de los hermanos Ayar, salidos de una cueva llamada Pacaritambo, “Posada de la Producción”, “Posada del Amanecer” o “Casa del Escondrijo”. Dicho lugar se encontraba en el cerro Tambotoco. Tenía tres ventanas. De una de estas ventanas, llamada Maras Toco procedía “sin generación de padres”, a manera de generación espontánea, el grupo de los maras Sutic. De otra ventana, Cápac Toco, salieron cuatro hermanos cuyos nombres eran Ayar Uchu, Ayar Cachi, Ayar Manco y Ayar Auca.
Ellos estaban acompañados por sus cuatro hermanas, Mama Ocllo, Mama Huaco, Mama Ipacura o Cura y Mama Raua. Cada cronista, según las referencias de sus informantes, cuenta con pequeñas variantes estos episodios.
Los legendarios Ayar, con sus hermanas, iniciaron un lento andar por punas y quebradas cordilleranas, con el propósito de encontrar un lugar apropiado para establecerse. Es interesante anotar que en la versión de Huamán Poma Mama Huaco es mencionada como madre de Manco Cápac y se alude a una relación incestuosa entre ellos.
“En el análisis psicoanalítico del mito no se encuentran las dos prohibiciones fundamentales, la del incesto o la del parricidio, y más bien se hace manifiesta la existencia de una red de relaciones fraternas en la que el incesto aparece, sin ser expresado literalmente, como natural. En este mito no existe la pareja conyugal, solo el binomio madre/hijo o hermano/hermana. Dentro de tal sistema de relaciones, la interdicción realizada por el padre en el interior del triángulo está ausente. El sistema de parentesco presente en el mito de los Ayar parece implicar, desde esta perspectiva, una relación dual entre el hijo y la madre” (Hernández y otros, 1987).
Según la narrativa de los cronistas, los hermanos no tardaron en deshacerse de Ayar Cachi, uno de los hermanos, por temor de sus poderes mágicos, pues con un solo tiro de su honda podía derribar cerros o hacer que surjan quebradas. Con engaños lo convencieron de que retorne a Pacaritambo, la caverna donde nacieron, para traer el napa, insignia de señores, y unos vasos de oro que habían olvidado, llamados topacusi. Lo siguieron subrepticiamente y una vez que Ayar Cachi penetró en la cueva la cerraron con bloques de piedra, donde quedó atrapado para siempre. Después de este episodio, los Ayar continuaron su ruta por las serranías.
Es importante subrayar que los hermanos, a pesar de no tener un asentamiento fijo, no dejaban de ser agricultores. Es así que una vez establecidos en un paraje se quedaban en él durante algunos años y, después de lograr sus cosechas, emprendían de nuevo la marcha.
Sarmiento de Gamboa cuenta que en su peregrinación los hermanos arribaron a un lugar llamado Guanacancha a cuatro leguas del Cusco.
Allí se quedaron un tiempo sembrando y cosechando pero, no contentos, reanudaron su marcha hasta Tamboquiro, donde pasaron unos años. Luego llegaron a Quirirmanta, al pie de un cerro. En ese lugar se celebró un consejo entre los hermanos, en el que decidieron que Ayar Uchu debía permanecer en dicho lugar transformado en una huaca principal llamada Huanacauri.
Adoptar la forma lítica era, en el ámbito andino, una manera de perpetuar la divinidad o sacralizar a un personaje, es así que la forma pétrea asumida por Uchu no le impedía comunicarse con sus hermanos.
El mismo cronista menciona que Mama Huaco era uno de los caudillos del grupo y que en el pueblo de Matagua, esta “fortísima y diestra” mujer tomó dos varas de oro y las lanzó hacia el norte, una cayó en Colcabamba, pero la dura tierra no permitió que se clavara. La segunda, la arrojó a un terreno llamado Guayanaypata donde penetró suavemente. Otros informantes contaron a Sarmiento de Gamboa que fue Manco Cápac, no Mama Huaco, quien arrojó el mágico bastón que debía indicar el asentamiento definitivo.
Los ayllus errantes trataron de llegar al lugar señalado, pero hallando resistencia entre los habitantes de la región se vieron obligados a retornar a Matagua. Mientras permanecían allí, Ayar Manco ordenó a Ayar Auca ir a poblar el paraje indicado por la vara. Cumpliendo la orden de su hermano, Auca voló hacia dicho lugar, pero al pisar el suelo se convirtió en piedra. Según las creencias andinas, las guanca o piedras eran mojones indicadores de la forma de posesión del espacio. Es así que Auca, bajo la forma lítica, fue el primero en ocupar el sitio escogido, tan largamente deseado. Así, convertido en piedra, pero conservando la capacidad de comunicarse con su hermano, le ordenó a Ayar Manco llamarse, de ahí más, Manco Cápac. Según Sarmiento de Gamboa, en la lengua hablada entonces, “Cusco” significaba ocupar un espacio de manera mágica. Para Garcilazo, “Cusco” era el “ombligo” del mundo en la lengua particular de los incas.
Cieza de León cuenta en términos semejantes la llegada de Manco y su gente al Cusco y añade que la comarca estaba densamente poblada, pero que sus habitantes les hicieron un lugar a los recién llegados.
Los mitos narrados hasta aquí, referentes a la manera como fue ocupado por los incas el antiguo Cusco, son relatos totalmente distintos de la versión dada por Garcilazo. La leyenda de los Ayar, con las transformaciones de los personajes en piedras o guancas sagradas, además de la larga peregrinación del grupo de Manco, son episodios muy andinos, presentes también en los mitos de las otras etnias. La trashumancia de los incas no fue la de bandas primitivas de pastores y cazadores, sino la de pueblos esencialmente agrícolas, preocupados sobremanera en hallar buenas tierras de cultivo.
En estas narrativas, una de las dos mujeres de Manco Capac desempeñó un rol esencial. Más arriba narramos cuando Mama Huaco, a pesar de ser mujer y teniendo fuerte liderazgo entre los hermanos, lanzó la vara que marcó el punto para la toma, posesión simbólica y posterior fundación del Cusco.
Según el decir de los cronistas, Mama Huaco cogió un haybinto, boleadora, arma de cuero trenzado con piedras en los extremos, y haciéndola girar en el aire hirió a uno de los guallas, antiguos habitantes de Acamama. Luego le abrió el pecho y sacándole los pulmones sopló fuertemente en ellos. La ferocidad de Mama Huaco aterró a los guallas que abandonaron el pueblo, cediendo su lugar a los incas.
En un estudio anterior hemos analizado la figura femenina de Mama Huaco y lo que podría significar y representar en el orden sociopolítico de los incas. Ella fue el prototipo de la mujer varonil y guerrera, en oposición a Mama Ocllo, segunda pareja de Manco Cápac. Cabello de Balboa cuenta que Mama Huaco hacía el oficio de valiente capitán y que conducía ejércitos. Esta característica masculina se explicaba en aymara con la palabra huaco, que en dicho idioma representa a la mujer varonil que no se amedrenta por el frío o el trabajo intensos, y que posee un espíritu libre.
Según Sarmiento de Gamboa, los cuatro dirigentes que comandaron los ayllus en la llegada al Cusco fueron Manco Cápac, Mama Huaco, Sinchi Roca y Manco Sapaca. Es importante recalcar que Mama Huaco es nombrada entre los cuatro jefes del grupo.
No interesa saber si los hechos fueron verídicos o míticos, lo importante es analizar la estructura social que la leyenda sugiere. Lo importante es rescatar la figura de la mujer tomando parte activa en la conquista del Cusco, luchando junto a los varones y capitaneando un ejército.
Este ejemplo, en las leyendas cusqueñas, no es único. En la guerra contra los chancas, la curaca Chañan Curi Coca era la jefa de los ayllus de Choco-Cachona. Para abundar en el aspecto mágico del mito, en la misma leyenda, comentada por los orejones, se cuenta de la ayuda proporcionada por las pururauca, piedras mágicas, que en el momento álgido de la lucha se transformaron en soldados y lograron el triunfo inca. Lo interesante en el mito es la existencia de las pururauca masculinos y femeninos. O sea, el ejército que iba a la guerra estaba compuesto de hombres y mujeres. Es decir, la guerra no era un oficio reservado sólo para los varones.
Estos mitos referentes al establecimiento de los incas son fundamentales porque revelan su cosmovisión y sus estructuras sociopolíticas. Manco Cápac y sus ayllus habitaron el Cusco Bajo y su morada fue el templo de Indicancha, mientras que los seguidores de Auca se afincaron e instalaron en el Cusco Alto o Hanan. La división por mitades tiene, en su contexto, un sentido de género y comprende una oposición y una complementariedad entre los bandos de Hanan y Hurin. Garcilazo de la Vega confirma ese criterio al decir que los hermanos mayores poblaron la parte alta, mientras que los seguidores de la “reina” eran hermanos segundos y poblaron Hurin Cusco o Cusco Bajo.
A través de los míticos relatos de Gracilazo concluiríamos que los varones de Hanan eran masculinos / masculinos, y los de Hurin masculinos / femeninos. En cuanto a las mujeres, las de abajo serían femeninas / femeninas, y las de arriba femeninas/masculinas. Los prototipos de dichas mujeres serían la femenina/femenina Mama Ocllo y la femenina/masculina Mama Huaco.
Encontrado Machu Picchu, la Vitcos de sus sueños, Bingham busca apoyo económico en la Universidad de Yale y la Sociedad Geográfica Nacional, apoyo que le fue concedido. Contrata un grupo de arqueólogos y antropólogos (entre los q ue destaca G. Eaton) para excavar el lugar, y regresa al Perú, a mediados de 1912, para trabajar directamente en Machu Picchu al frente de la misión.
Con los auspicios del Gobierno del Perú de esos años, y dando clara muestra de su desinterés por el pasado incaico, el 31 de octubre de 1912, Bingham obtiene la autorización para ejecutar los trabajos en Machu Picchu. Lo grave es que recibe el permiso para llevar a Estados Unidos los objetos encontrados durante sus trabajos arqueológicos, ya que según el cuarto artículo de esa autorización Bingham podría sacar libremente del país todas las piezas obtenidas durante sus exploraciones, pero con el compromiso de devolverlos a la petición simple de Perú. La autorización en nombre de la “etiqueta internacional” infringió algunas normas legales y causó un daño irreparable a la herencia cultural de Perú.
Las actividades de Bingham transcurrieron durante el primer gobierno del presidente Leguía. Probablemente por la complejidad de los problemas políticos, económicos y sociales que afrontaba, no le permitieron vislumbrar la magnitud del saqueo del que estaba siendo objeto el Perú.
En aquellos días no había carretera, trasporte automotor o avión, y el viaje a Cusco duraba muchos días.
Hiram Bingham y su equipo trabajaron intensivamente en el parque arqueológico de Machu Picchu durante 5 años, excavando prácticamente cada metro cuadrado. En sus ambientes encontraron tumbas antiguas, momias y restos de 173 personas juntoa sus pertenencias, incluyendo ropa, alimentos, alfarería y ornamentos.
Sin embargo, en el libro “The Lost City of the Incas”, Bingham afirma que no encontró nada en la Ciudadela, salvo unos cuantos cacharros, objetos de espinas vegetales y uno que otro objeto de cobre. Después de la minuciosa investigación y todos los trabajos realizados, informó que no se encontró ningún objeto de metal precioso en Machu Picchu. En todo caso, Bingham escribió que cada objeto que encontró en Machu Picchu fue depositado en la Universidad de Yale.
Hoy pueden encontrarse los objetos encontrados en Machu Picchu en el Museo Peabody en Yale. La exhibición consiste en 10 pedazos de alfarería Inca, 10 de metalurgia, 10 de construcciones de piedra, 3 tazas de madera, muy pocos textiles y un qhipu Inca.
Bingham sólo comunicaba sus descubrimientos a través de su representación diplomática, ocultando medianamente la realidad de los sucesos. Realizó dos expediciones, pero como semejantes comitivas no podían pasar desapercibidas en el Perú una legión de ciudadanos extranjeros “asistentes” de la expedición Bingham, que iban y venían del Cusco. Las autoridades de Lima empezaron a tomar nota. Lamentablemente, la reacción del gobierno de turno ante semejantes hechos fue tan lenta que, cuando quisieron tomar cartas en el asunto, ya era demasiado tarde.
Enrique Portugal, periodista arequipeño que vivió en Argentina denunció, en los diarios y revistas bonaerenses, el incalificable saqueo que se perpetró en Machu Picchu, en los repetidos viajes de “exploración” que hizo Bingham al Perú. Según el periodista, Bingham fue “el más peligroso y directo pirata que puso pie en Machu Picchu, con ayuda de unos y la ignorancia de otros, saqueando la Ciudadela, llevándose riquísimos cargamentos de objetos de oro y obras de arte que hoy se hallan en diversos museos de Estados Unidos y en museos privados…..” Es una denuncia no refutada hasta la fecha.
Tan es así, que a fines de 1911 se produjo un levantamiento en el sureño puerto de Mollendo, protestando por la salida del país del material arqueológico, subrepticio envío de cajones rotulados como “sherds”, que no eran sino momias completas, con todo su ajuar funerario y otros materiales. Era el quinto despacho de cajones bajo la fuerte custodia de ciudadanos norteamericanos expresamente comisionados por Bigham para la custodia de su envío al exterior.
En 1912 se repite este levantamiento, pero ahora extendido a las ciudades de Puno y Arequipa. El explorador debe cesar sus actividades y, como consecuencia, el gobierno peruano enfrenta la demanda de Bingham para continuar con su proyecto. Paradójicamente, el Museo de Sitio actual, construido en la margen izquierda del río Urubamba, carece de material arqueológico perteneciente a la zona, sólo fotografías, calcos, uno que otro objeto y cuadros de flora y fauna, componen su patrimonio cultural. Igual pobreza sufre el Museo Arqueológico del Cusco. En oposición, Bigham, de explorador desconocido, después del saqueo de Machu Picchu, elevó su satus socio-económico, recibió doctorados en historia, cátedra en Yale y participó en la gobernación estatal.
En la actualidad, es creciente la opinión de tener a Bingham y sus actividades como uno de los mayores ejemplos de piratería del patrimonio cultural que ha sufrido el país. Cuestionable, por tanto, presentarlo en los textos nacionales como descubridor de Machu Picchu
Luego de este primer contacto con Machu Picchu, Bingham se comunica con Giesecke, quién cuenta el acontecimiento a José Cosio, secretario de la Universidad San Antonio Abad del Cusco y catedrático de la Facultad de Letras, sugiriéndole organizar una expedición comprobatoria. Este último se contacta con Enrique Palma, quien le refiere haber visitado Machu Picchu 10 años antes (1902).
Apresuran los preparativos de la Expedición Universitaria cusqueña, partiendo con una comitiva compuesta, además de los organizadores, secretario y Sr. Palma, por los hermanos Justo y Luis Ochoa, acompañados, entre otros, por el Dr.Alberto López, quien años después fuera General de Sanidad, contando en ese entonces con doce años de edad.
Encabezados por el Dr. Cosio, salieron con rumbo a la hacienda Qollpani, en el Urubamba, cuyos copropietarios eran los señores Ochoa. De allí se trasladaron al paraje conocido como playa San Miguel e iniciaron el ascenso a Machu Picchu en la mañana del 18 de enero 1912.
Desbrozando la maleza de uno de los muros pudieron comprobar la existencia de la inscripción dejada por Enrique Palma y otras tres personas en el año 1902. Allí, refirió Palma, que en aquel tiempo encontraron un arrendatario de apellido Meza, sembrando en chacras y algunas terrazas de Machu Picchu, quien informó pagar doce Soles de Oro a los propietarios de la hacienda Cutija. Diez años más tarde los arrendatarios de esas mismas tierras eran Arteaga y Lizárraga, siendo el primero quien condujo seis meses antes a Bingham hasta la ciudad.
A fines de julio de 1912 y altamente motivados por los informes del Dr. Cosio, llegó a Machu Picchu una nueva expedición formada por una veintena de universitarios cusqueños, entre los que se cuenta el Rector Alberto A. Giesecke, Romualdo Aguilar, catedrático de Derecho Procesal y varios más entre profesores y alumnos.
Lo extraño de estas Expediciones del Gobierno es que no publicaron sus experiencias. Quizás tenga razón Rafael Aguilar Páez cuando afirma que “El Dr. Bingham descubrió Machu Picchu y lo conoció para hacerlo conocer al mundo culto, como otros muchos lo conocieron para su propio capote.. ..(Aguilar Páez 1961:p.63ss.) Es posible que Bingham hubiese trabajado silenciosamente los meses de junio, julio y agosto de 1912. Se sabe que estudiantes universitarios en expedición a Machu Picchu, encontraron a Bingham dirigiendo excavaciones y reconocimiento de la Ciudadela con primera expedición que había organizado, luego de dar a conocer su descubrimiento en su país de origen, Estados Unidos.
No obstante, el informe de Cosio es un cúmulo de alabanzas a Bingham, asistentes y demás personas participantes en aquellos trabajos de reconocimiento, recomendando cautelar los intereses nacionales.
Finalmente, en 1915, se realizó la segunda expedición de la Universidad de Yale y la Sociedad Geográfica Nacional de Washington. Bringham estableció su cuartel general en Ollantaytambo y exploró las vías de acceso de Rosaspata en Vilcabamba. Las colecciones arqueológicas de las varias expediciones de Bingham están en el Museo Peabody de la Universidad de Yale (Rowe – 1959: pag.8).
Bingham creyó que había encontrado el Vitcos de Manco Inca en Machu Picchu; creencia errada pues antiguas crónicas, que no conoció Bingham, refieren la situación exacta de esa ciudad. Otras referencias sobre la zona monumental en mención, antes de Bingham, pueden encontrase en el Archivo Histórico de la Universidad del Cusco, en documentos referentes a linderos y dominios de la hacienda Cutija, en la cabecera del Valle de la Convención, o en documentos de la circunscripción de la provincia de Urubamba. Desde entonces, la viuda de Agustin Lizárraga, y hasta hoy sus descendientes, cuestionan el informe de Bingham, pues afirman que el campesino, joven intrépido, descubrió Machu Picchu durante sus exploraciones cuando buscaba tierras de cultivo en el año 1900, y se había establecido en el área antes de la llegada de Bingham.
En 1912, los arrendatarios de esas mismas tierras, eran los Señores Arteaga y Lizárraga, siendo el primero el que guió a Bingham en 1911.
Dicen que Lizárraga llegó a la ciudad perdida usando el camino de San Miguel que divide la “Plaza Santa”, y que en sus visitas sucesivas encontraron algunos objetos como nichos, cerámicas, oro y plata, que vendieron a un rico comerciante muy conocido en Cusco. Esto sería verdad, en razón del carbón de leña encontrado por Bingham en las ruinas. Tan es así que Bingham escribió en sus relatos: “Nosotros sabemos que Lizárraga había sido un buscador de tesoros en estos bosque diez años antes de nuestra visita…”.
Es posible que ningún otro campesino, aparte de Lizárraga, pudiera profanar el lugar, porque en la sociedad andina tiene profundo arraigo la tradición de un profundo respeto y reverencia hacia las huacas, además del temor, enraizado en su cultura, por la profanación de las tumbas de sus antepasados, pues al considerarlas protegidas, la profanación acarrea infortunio, enfermedades y muerte.
Lizárraga murió en circunstancias muy extrañas en 1912. Dejó para su viuda algunos tesoros que ella donó al convento de Santa de Clara en Cusco, después de ingresar a la confesión católica.