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La Primera Conquista del Inca Pachacutec

Domingo, 21 de marzo de 2010 machupicchu 2 comentarios

Después de su triunfo sobre los chancas, Pachacútec decidió consolidar su señorío y emprender luchas contra los curacas que no acudieron en su ayuda. Cuando estaba reuniendo gente de guerra, llegaron las noticias de que Inca Urco, el hijo y co-regente de Viracocha, se hallaba en Yucay con un ejército. Sin demora, Pachacútec e Inca Roca, su hermano, marcharon a Yucay a enfrentarse con Urco. Durante la lucha sobre la barranca del río Urubamba, Inca Roca alcanzó la garganta de Urco con su honda, con tanta fuerza que le hizo caer al río. Urco, con sus armas en la mano, fue arrastrado por la corriente hasta la peña llamada Chupellusca, donde sus adversarios le dieron muerte.

Numerosos fueron los curacas -cercanos en su mayoría al Cusco- incorporados al naciente Estado durante la primera etapa de la expansión inca. Los principales fueron los Ayarmaca, que quedaron definitivamente vencidos, y los Ollantay Tambo.

Después de su victoria, Pachacútec mandó construir el palacio y ciudadela de Písac en un alto promontorio, con lo cual este nuevo soberano no solo conquistaba nuevos dominios sino que se mostraba proclive a las obras de arquitectura. Sin embargo, la conquista que más puede interesar en este relato es la de la zona de Picchu, donde el Inca ordenó edificar un palacio para su regreso, con todas sus dependencias. Al pasar los siglos, ese lugar tomaría el nombre de Machu Picchu.

Gracias al aporte de nuevos manuscritos de archivos hallados por Luis Miguel Glave y María Isabel Remy, además de la posterior investigación de John E. Rowe, sabemos que toda la región de Picchu, junto a la de Ollantay Tambo, fueron las tierras privadas del Inca.

Continuando con sus triunfos militares, Pachacútec, acompañado por Inca Roca, se apoderó de Amaybamba en el valle de La Convención, haciendo construir un palacio para él, Huamán Marca. En el mismo documento que narra estas noticias se dice que el siguiente soberano, Túpac Yupanqui, trajo desde Chachapoyas a numerosos mitimaes para poblar la parte baja del valle con la obligación de sembrar cocales.
Además, el manuscrito menciona la presencia de otro palacio llamado Yanayacu, en las alturas de Amaybamba. “Cuando estuve en el lugar, el antiguo hacendado de la finca me contó que existe en la región referencia de dichas ruinas pero que no han sido encontradas aún“.

Habiendo afianzado su poder y asegurado sus dominios cercanos a la capital, Pachacútec se lanzó a conquistas más lejanas. Así, dominó a los Soras y a los Lucanas, trayendo a sus curacas y jefes de guerra presos para celebrar su victoria. Otros señores, al ver su creciente poderío, prefirieron aceptar los “ruegos” de la reciprocidad y no arriesgar sus vidas en una contienda.
Después de descansar un tiempo, el Inca volvió a reunir sus ejércitos y, esta vez, decidió ir contra el señor del Collao. Así, se enfrentó contra el temido Chuchi Cápac de Hatun Colla, a quien venció después de ardua lucha. Con este triunfo, los cusqueños se hicieron dueños de las extensas tierras de Chuchi Cápac, las cuales comprendían los enclaves selváticos que producían las preciadas hojas de coca y las tierras situadas en la costa donde obtenían maíz, ají y pescado salado. Estos fueron los primeros contactos con los grupos étnicos costeños.

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LEYENDA DEL ATAQUE CHANKA AL CUSCO

Domingo, 21 de marzo de 2010 machupicchu Sin comentarios


¿Quiénes eran los chancas?

Los chancas eran un grupo étnico establecido en la región de Ayacucho. Se dividían en las dos mitades de Hanan (arriba) y Hurin (abajo) y decían tener su origen o pacarina en las dos lagunas de Choclococha y Urcococha. Formaban un pueblo rudo, habían conquistado Andahuaylillas y su nueva meta era el Cusco.

La situación del Cusco
Durante el gobierno de Viracocha, los chancas partieron de Paucaray -a tres leguas de Parcos- y se dividieron en tres ejércitos. Tan seguros estaban de la fácil conquista del Cusco que dos de los ejércitos se dirigieron al Contisuyo y el tercero tomó la ruta del Cusco. Por su parte, el Inca, viejo y cansado, abandonó el Cusco a su suerte y se refugió junto a su hijo Urco en la fortaleza de Chita. En esas circunstancias, surgió la figura del joven príncipe Cusi Yupanqui, quien decidió defender el Cusco.

Cusi Yupanqui, el futuro Pachacútec, nació en el linaje de Iñaca Panaca. El cronista Betanzos narra épicamente el encuentro de Cusi Yupanqui con los chancas. Cusi contaba con escasos efectivos, con lo cual el triunfo cobra aun mayor realce. En torno al Cusco, el ejército de Cusi cavó grandes hoyos recubiertos de ramas para que los chancas cayeran en ellos. Además, el sacerdote del Sol confeccionó unos bultos de piedra revestidos de ropas para simular un ejército apostado esperando entrar a la lucha. Cusi Yupanqui trató de formar alianzas con sus vecinos, pero ellos prefirieron esperar al desarrollo de los acontecimientos para plegarse al vencedor.

Urco, hijo de Viracocha, había partido junto a su padre abandonando Cusco. Fue nombrado co-regente y, para aquel entonces, había recibido la borla, insignia del poder. Ese mismo día se casó con quien sería su mujer principal, según la costumbre inca. Sin embargo, el joven se mostró poco guerrero y no luchó por el Cusco.

Las sucesiones incas eran tumultuosas al no existir la primogenitura. El poder recaía sobre el “más hábil y eficiente” de los posibles candidatos. De ahí que todas las sucesiones incas dieran lugar a intrigas, luchas intestinas y asesinatos. En este marco, la contienda de Huáscar y Atahualpa no fue un caso insólito sino más bien usual, pero debido a la gran expansión del estado Inca tomó un carácter continental.
Los espías anunciaron la cercanía chanca y los vieron llegar en desorden por la bajada del cerro de Carmenca, emitiendo gritos y alzando sus armas. Llevaban el pelo en pequeñas trenzas y la cara pintada de rojo. En su euforia, no notaron los hoyos y cayeron en ellos. Un curaca llamado Chañian Curi Coca de los ayllus de Choco-Cachona aguardaba la proximidad del enemigo para atacar y peleó tan valientemente que triunfó en su zona. Hasta las piedras puestas por el sacerdote entraron en la contienda. Ellos eran los pururaucas, misteriosos aliados de los incas que sembraron el terror entre las tropas enemigas. Para decidir la batalla, Cusi Yupanqui se dirigió hacia el jefe chanca Uscovilca, lo mató, cogió el ídolo que portaba consigo y lo mostró a los chancas que se desmoralizaron e iniciaron la huida.

Más adelante, los chancas se rehicieron, pero nuevamente triunfó Cusi, ayudado esta vez por sus vecinos. Los incas los persiguieron y se apropiaron del botín que facilitaría en el futuro la expansión cusqueña.

Vencidos los chancas, Cusi Yupanqui juntó el botín y los prisioneros y se dirigió hacia la fortaleza donde estaban Viracocha y Urco. Según costumbre inca, el soberano debía pisar los despojos y a los jefes capturados en acto de toma de posesión de los vencidos y de sus tierras. Viracocha se negó a hacerlo y señaló a Urco como su regente y el indicado para asumir el poder.

Cusi no admitió la propuesta y después de reiterar su pedido decidió regresar al Cusco. Por el camino fue asaltado por soldados de Viracocha, pero conociendo las intenciones del viejo Inca, estaba preparado para el ataque. Así, pudo regresar al Cusco sin mayores percances. No tardó Cusi en ceñir la borla imperial y con ello, según costumbre antigua, cambió su nombre al de Pachacútec Inca Yupanqui, personaje con el que se inicia el auge cusqueño. La expansión inca se puede ubicar en los principios del siglo XV y forma parte de la historia moderna del mundo andino.

Gracias a la elección de los gobernantes, se sucedieron personajes destacados, y si bien Pachacútec fue el iniciador, su hijo Túpac Yupanqui fue el gran conquistador, y Huayna Cápac, el estadista. Los incas más cercanos a la invasión española nos permiten formular una historia menos legendaria según las referencias de la época y la tradición oral, conservada gracias a cantares que se ejecutaban en la gran plaza de Aucaypata, durante las grandes fiestas y en presencia de las momias de los anteriores incas.

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Leyenda de los hermanos Ayar

Domingo, 21 de marzo de 2010 machupicchu 3 comentarios


Uno de los principales mitos sobre el origen de los incas fue el de los hermanos Ayar, salidos de una cueva llamada Pacaritambo, “Posada de la Producción”, “Posada del Amanecer” o “Casa del Escondrijo”. Dicho lugar se encontraba en el cerro Tambotoco. Tenía tres ventanas. De una de estas ventanas, llamada Maras Toco procedía “sin generación de padres”, a manera de generación espontánea, el grupo de los maras Sutic. De otra ventana, Cápac Toco, salieron cuatro hermanos cuyos nombres eran Ayar Uchu, Ayar Cachi, Ayar Manco y Ayar Auca.

Ellos estaban acompañados por sus cuatro hermanas, Mama Ocllo, Mama Huaco, Mama Ipacura o Cura y Mama Raua. Cada cronista, según las referencias de sus informantes, cuenta con pequeñas variantes estos episodios.

Los legendarios Ayar, con sus hermanas, iniciaron un lento andar por punas y quebradas cordilleranas, con el propósito de encontrar un lugar apropiado para establecerse. Es interesante anotar que en la versión de Huamán Poma Mama Huaco es mencionada como madre de Manco Cápac y se alude a una relación incestuosa entre ellos.

“En el análisis psicoanalítico del mito no se encuentran las dos prohibiciones fundamentales, la del incesto o la del parricidio, y más bien se hace manifiesta la existencia de una red de relaciones fraternas en la que el incesto aparece, sin ser expresado literalmente, como natural. En este mito no existe la pareja conyugal, solo el binomio madre/hijo o hermano/hermana. Dentro de tal sistema de relaciones, la interdicción realizada por el padre en el interior del triángulo está ausente. El sistema de parentesco presente en el mito de los Ayar parece implicar, desde esta perspectiva, una relación dual entre el hijo y la madre” (Hernández y otros, 1987).

Según la narrativa de los cronistas, los hermanos no tardaron en deshacerse de Ayar Cachi, uno de los hermanos, por temor de sus poderes mágicos, pues con un solo tiro de su honda podía derribar cerros o hacer que surjan quebradas. Con engaños lo convencieron de que retorne a Pacaritambo, la caverna donde nacieron, para traer el napa, insignia de señores, y unos vasos de oro que habían olvidado, llamados topacusi. Lo siguieron subrepticiamente y una vez que Ayar Cachi penetró en la cueva la cerraron con bloques de piedra, donde quedó atrapado para siempre. Después de este episodio, los Ayar continuaron su ruta por las serranías.

Es importante subrayar que los hermanos, a pesar de no tener un asentamiento fijo, no dejaban de ser agricultores. Es así que una vez establecidos en un paraje se quedaban en él durante algunos años y, después de lograr sus cosechas, emprendían de nuevo la marcha.

Sarmiento de Gamboa cuenta que en su peregrinación los hermanos arribaron a un lugar llamado Guanacancha a cuatro leguas del Cusco.

Allí se quedaron un tiempo sembrando y cosechando pero, no contentos, reanudaron su marcha hasta Tamboquiro, donde pasaron unos años. Luego llegaron a Quirirmanta, al pie de un cerro. En ese lugar se celebró un consejo entre los hermanos, en el que decidieron que Ayar Uchu debía permanecer en dicho lugar transformado en una huaca principal llamada Huanacauri.

Adoptar la forma lítica era, en el ámbito andino, una manera de perpetuar la divinidad o sacralizar a un personaje, es así que la forma pétrea asumida por Uchu no le impedía comunicarse con sus hermanos.

El mismo cronista menciona que Mama Huaco era uno de los caudillos del grupo y que en el pueblo de Matagua, esta “fortísima y diestra” mujer tomó dos varas de oro y las lanzó hacia el norte, una cayó en Colcabamba, pero la dura tierra no permitió que se clavara. La segunda, la arrojó a un terreno llamado Guayanaypata donde penetró suavemente. Otros informantes contaron a Sarmiento de Gamboa que fue Manco Cápac, no Mama Huaco, quien arrojó el mágico bastón que debía indicar el asentamiento definitivo.

Los ayllus errantes trataron de llegar al lugar señalado, pero hallando resistencia entre los habitantes de la región se vieron obligados a retornar a Matagua. Mientras permanecían allí, Ayar Manco ordenó a Ayar Auca ir a poblar el paraje indicado por la vara. Cumpliendo la orden de su hermano, Auca voló hacia dicho lugar, pero al pisar el suelo se convirtió en piedra. Según las creencias andinas, las guanca o piedras eran mojones indicadores de la forma de posesión del espacio. Es así que Auca, bajo la forma lítica, fue el primero en ocupar el sitio escogido, tan largamente deseado. Así, convertido en piedra, pero conservando la capacidad de comunicarse con su hermano, le ordenó a Ayar Manco llamarse, de ahí más, Manco Cápac. Según Sarmiento de Gamboa, en la lengua hablada entonces, “Cusco” significaba ocupar un espacio de manera mágica. Para Garcilazo, “Cusco” era el “ombligo” del mundo en la lengua particular de los incas.

Cieza de León cuenta en términos semejantes la llegada de Manco y su gente al Cusco y añade que la comarca estaba densamente poblada, pero que sus habitantes les hicieron un lugar a los recién llegados.

Los mitos narrados hasta aquí, referentes a la manera como fue ocupado por los incas el antiguo Cusco, son relatos totalmente distintos de la versión dada por Garcilazo. La leyenda de los Ayar, con las transformaciones de los personajes en piedras o guancas sagradas, además de la larga peregrinación del grupo de Manco, son episodios muy andinos, presentes también en los mitos de las otras etnias. La trashumancia de los incas no fue la de bandas primitivas de pastores y cazadores, sino la de pueblos esencialmente agrícolas, preocupados sobremanera en hallar buenas tierras de cultivo.

En estas narrativas, una de las dos mujeres de Manco Capac desempeñó un rol esencial. Más arriba narramos cuando Mama Huaco, a pesar de ser mujer y teniendo fuerte liderazgo entre los hermanos, lanzó la vara que marcó el punto para la toma, posesión simbólica y posterior fundación del Cusco.

Según el decir de los cronistas, Mama Huaco cogió un haybinto, boleadora, arma de cuero trenzado con piedras en los extremos, y haciéndola girar en el aire hirió a uno de los guallas, antiguos habitantes de Acamama. Luego le abrió el pecho y sacándole los pulmones sopló fuertemente en ellos. La ferocidad de Mama Huaco aterró a los guallas que abandonaron el pueblo, cediendo su lugar a los incas.

En un estudio anterior hemos analizado la figura femenina de Mama Huaco y lo que podría significar y representar en el orden sociopolítico de los incas. Ella fue el prototipo de la mujer varonil y guerrera, en oposición a Mama Ocllo, segunda pareja de Manco Cápac. Cabello de Balboa cuenta que Mama Huaco hacía el oficio de valiente capitán y que conducía ejércitos. Esta característica masculina se explicaba en aymara con la palabra huaco, que en dicho idioma representa a la mujer varonil que no se amedrenta por el frío o el trabajo intensos, y que posee un espíritu libre.

Según Sarmiento de Gamboa, los cuatro dirigentes que comandaron los ayllus en la llegada al Cusco fueron Manco Cápac, Mama Huaco, Sinchi Roca y Manco Sapaca. Es importante recalcar que Mama Huaco es nombrada entre los cuatro jefes del grupo.

No interesa saber si los hechos fueron verídicos o míticos, lo importante es analizar la estructura social que la leyenda sugiere. Lo importante es rescatar la figura de la mujer tomando parte activa en la conquista del Cusco, luchando junto a los varones y capitaneando un ejército.

Este ejemplo, en las leyendas cusqueñas, no es único. En la guerra contra los chancas, la curaca Chañan Curi Coca era la jefa de los ayllus de Choco-Cachona. Para abundar en el aspecto mágico del mito, en la misma leyenda, comentada por los orejones, se cuenta de la ayuda proporcionada por las pururauca, piedras mágicas, que en el momento álgido de la lucha se transformaron en soldados y lograron el triunfo inca. Lo interesante en el mito es la existencia de las pururauca masculinos y femeninos. O sea, el ejército que iba a la guerra estaba compuesto de hombres y mujeres. Es decir, la guerra no era un oficio reservado sólo para los varones.

Estos mitos referentes al establecimiento de los incas son fundamentales porque revelan su cosmovisión y sus estructuras sociopolíticas. Manco Cápac y sus ayllus habitaron el Cusco Bajo y su morada fue el templo de Indicancha, mientras que los seguidores de Auca se afincaron e instalaron en el Cusco Alto o Hanan. La división por mitades tiene, en su contexto, un sentido de género y comprende una oposición y una complementariedad entre los bandos de Hanan y Hurin. Garcilazo de la Vega confirma ese criterio al decir que los hermanos mayores poblaron la parte alta, mientras que los seguidores de la “reina” eran hermanos segundos y poblaron Hurin Cusco o Cusco Bajo.

A través de los míticos relatos de Gracilazo concluiríamos que los varones de Hanan eran masculinos / masculinos, y los de Hurin masculinos / femeninos. En cuanto a las mujeres, las de abajo serían femeninas / femeninas, y las de arriba femeninas/masculinas. Los prototipos de dichas mujeres serían la femenina/femenina Mama Ocllo y la femenina/masculina Mama Huaco.

VIDEOS -Leyenda Hermanos Ayar.

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