Numerosos fueron los curacas -cercanos en su mayorÃa al Cusco- incorporados al naciente Estado durante la primera etapa de la expansión inca. Los principales fueron los Ayarmaca, que quedaron definitivamente vencidos, y los Ollantay Tambo.
Gracias al aporte de nuevos manuscritos de archivos hallados por Luis Miguel Glave y MarÃa Isabel Remy, además de la posterior investigación de John E. Rowe, sabemos que toda la región de Picchu, junto a la de Ollantay Tambo, fueron las tierras privadas del Inca.
Urco, hijo de Viracocha, habÃa partido junto a su padre abandonando Cusco. Fue nombrado co-regente y, para aquel entonces, habÃa recibido la borla, insignia del poder. Ese mismo dÃa se casó con quien serÃa su mujer principal, según la costumbre inca. Sin embargo, el joven se mostró poco guerrero y no luchó por el Cusco.
Las sucesiones incas eran tumultuosas al no existir la primogenitura. El poder recaÃa sobre el “más hábil y eficiente” de los posibles candidatos. De ahà que todas las sucesiones incas dieran lugar a intrigas, luchas intestinas y asesinatos. En este marco, la contienda de Huáscar y Atahualpa no fue un caso insólito sino más bien usual, pero debido a la gran expansión del estado Inca tomó un carácter continental.
Los espÃas anunciaron la cercanÃa chanca y los vieron llegar en desorden por la bajada del cerro de Carmenca, emitiendo gritos y alzando sus armas. Llevaban el pelo en pequeñas trenzas y la cara pintada de rojo. En su euforia, no notaron los hoyos y cayeron en ellos. Un curaca llamado Chañian Curi Coca de los ayllus de Choco-Cachona aguardaba la proximidad del enemigo para atacar y peleó tan valientemente que triunfó en su zona. Hasta las piedras puestas por el sacerdote entraron en la contienda. Ellos eran los pururaucas, misteriosos aliados de los incas que sembraron el terror entre las tropas enemigas. Para decidir la batalla, Cusi Yupanqui se dirigió hacia el jefe chanca Uscovilca, lo mató, cogió el Ãdolo que portaba consigo y lo mostró a los chancas que se desmoralizaron e iniciaron la huida.
Más adelante, los chancas se rehicieron, pero nuevamente triunfó Cusi, ayudado esta vez por sus vecinos. Los incas los persiguieron y se apropiaron del botÃn que facilitarÃa en el futuro la expansión cusqueña.
Vencidos los chancas, Cusi Yupanqui juntó el botÃn y los prisioneros y se dirigió hacia la fortaleza donde estaban Viracocha y Urco. Según costumbre inca, el soberano debÃa pisar los despojos y a los jefes capturados en acto de toma de posesión de los vencidos y de sus tierras. Viracocha se negó a hacerlo y señaló a Urco como su regente y el indicado para asumir el poder.
Uno de los principales mitos sobre el origen de los incas fue el de los hermanos Ayar, salidos de una cueva llamada Pacaritambo, “Posada de la Producción”, “Posada del Amanecer” o “Casa del Escondrijo”. Dicho lugar se encontraba en el cerro Tambotoco. TenÃa tres ventanas. De una de estas ventanas, llamada Maras Toco procedÃa “sin generación de padres”, a manera de generación espontánea, el grupo de los maras Sutic. De otra ventana, Cápac Toco, salieron cuatro hermanos cuyos nombres eran Ayar Uchu, Ayar Cachi, Ayar Manco y Ayar Auca.
Ellos estaban acompañados por sus cuatro hermanas, Mama Ocllo, Mama Huaco, Mama Ipacura o Cura y Mama Raua. Cada cronista, según las referencias de sus informantes, cuenta con pequeñas variantes estos episodios.
Los legendarios Ayar, con sus hermanas, iniciaron un lento andar por punas y quebradas cordilleranas, con el propósito de encontrar un lugar apropiado para establecerse. Es interesante anotar que en la versión de Huamán Poma Mama Huaco es mencionada como madre de Manco Cápac y se alude a una relación incestuosa entre ellos.
“En el análisis psicoanalÃtico del mito no se encuentran las dos prohibiciones fundamentales, la del incesto o la del parricidio, y más bien se hace manifiesta la existencia de una red de relaciones fraternas en la que el incesto aparece, sin ser expresado literalmente, como natural. En este mito no existe la pareja conyugal, solo el binomio madre/hijo o hermano/hermana. Dentro de tal sistema de relaciones, la interdicción realizada por el padre en el interior del triángulo está ausente. El sistema de parentesco presente en el mito de los Ayar parece implicar, desde esta perspectiva, una relación dual entre el hijo y la madre” (Hernández y otros, 1987).
Sarmiento de Gamboa cuenta que en su peregrinación los hermanos arribaron a un lugar llamado Guanacancha a cuatro leguas del Cusco.
Allà se quedaron un tiempo sembrando y cosechando pero, no contentos, reanudaron su marcha hasta Tamboquiro, donde pasaron unos años. Luego llegaron a Quirirmanta, al pie de un cerro. En ese lugar se celebró un consejo entre los hermanos, en el que decidieron que Ayar Uchu debÃa permanecer en dicho lugar transformado en una huaca principal llamada Huanacauri.
El mismo cronista menciona que Mama Huaco era uno de los caudillos del grupo y que en el pueblo de Matagua, esta “fortÃsima y diestra” mujer tomó dos varas de oro y las lanzó hacia el norte, una cayó en Colcabamba, pero la dura tierra no permitió que se clavara. La segunda, la arrojó a un terreno llamado Guayanaypata donde penetró suavemente. Otros informantes contaron a Sarmiento de Gamboa que fue Manco Cápac, no Mama Huaco, quien arrojó el mágico bastón que debÃa indicar el asentamiento definitivo.
Los ayllus errantes trataron de llegar al lugar señalado, pero hallando resistencia entre los habitantes de la región se vieron obligados a retornar a Matagua. Mientras permanecÃan allÃ, Ayar Manco ordenó a Ayar Auca ir a poblar el paraje indicado por la vara. Cumpliendo la orden de su hermano, Auca voló hacia dicho lugar, pero al pisar el suelo se convirtió en piedra. Según las creencias andinas, las guanca o piedras eran mojones indicadores de la forma de posesión del espacio. Es asà que Auca, bajo la forma lÃtica, fue el primero en ocupar el sitio escogido, tan largamente deseado. AsÃ, convertido en piedra, pero conservando la capacidad de comunicarse con su hermano, le ordenó a Ayar Manco llamarse, de ahà más, Manco Cápac. Según Sarmiento de Gamboa, en la lengua hablada entonces, “Cusco” significaba ocupar un espacio de manera mágica. Para Garcilazo, “Cusco” era el “ombligo” del mundo en la lengua particular de los incas.
En estas narrativas, una de las dos mujeres de Manco Capac desempeñó un rol esencial. Más arriba narramos cuando Mama Huaco, a pesar de ser mujer y teniendo fuerte liderazgo entre los hermanos, lanzó la vara que marcó el punto para la toma, posesión simbólica y posterior fundación del Cusco.
Según Sarmiento de Gamboa, los cuatro dirigentes que comandaron los ayllus en la llegada al Cusco fueron Manco Cápac, Mama Huaco, Sinchi Roca y Manco Sapaca. Es importante recalcar que Mama Huaco es nombrada entre los cuatro jefes del grupo.